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LLEGÓ EL CHACAL, de Farideh Lashai

LLEGÓ EL CHACAL, de Farideh Lashai - ed. oriente y mediterráneo

 

Ficha técnica
autora: Farideh Lashai
título: Llegó el chacal
Prólogo de Ana Martínez de Aguilar
Traducción del persa: Maryam Esmailpour
Colección: transversales, 7
Nº páginas: 178
Formato: 21 x 21 cm
ISBN: 978-84-946564-3-9
PVP: 20 euros
IBIC BGLA Autobiografía literaria
BISAC BIO001000-BIOGRAPHY&AUTOBIOGRAPHY/ARTISTS

Estambul es hermosa. Repleta de productos de lujo. Todos intentan vestirse según las revistas de moda occidentales, algo que llevo años sin ver por las calles. Parecen los provincianos de Europa. Existe cierta simplicidad en sus rostros. Con eso y con todo, son cariñosos. Una nación oriental, colgada del cordón umbilical de Europa. Los periódicos y las carteleras de los cines están llenos de imágenes de mujeres desnudas.

Estamos sentadas abajo en el lobby. La tele está puesta. ¿De qué hablan en el noticiero de esta noche? No lo entiendo.

Hoy avisaron por teléfono que habían enviado otra carta de invitación por DHL. Quizás llegue el lunes.

Atacaron Teherán. ¿Cuántas personas han muerto? ¿Cuántas personas están de luto? [...]

Domingo. Cinco y media de la tarde.

En un parque en Estambul. Mi hija juega con Renate. Renate la vigila. Las observo fascinada.

Ojalá se pudiesen dibujar, con todo su resplandor, estos felices rostros, disfrutando del balancín. Con el descomunal árbol a sus espaldas, este aroma de tierra humedecida, el olor del mar, qué momento más extraño. De aquello desconocido, de aquella incógnita, ya no queda rastro. Parece que lo conozco todo. Más allá de este momento, no hay nada que me pueda intimidar. Nuestra fugacidad, la de todos y cada uno de nosotros, es definitiva. [...]

¿Por qué lo que acaece dentro de mí no se desborda con la misma facilidad que los colores de mis cuadros? Paso horas y horas, como sumergida en un agua profunda e inerte. El agua de un mar inalterable por el viento. Somos mis agitaciones y yo que nos sumergimos en el agua. [...]

Ahora, me he acostumbrado a este árbol del terroso «Fresno». Vengo y me quedo seis largas horas bajo él, sin perder de vista a mi hija, que en este calor letal juguetea dando vueltas sobre las arenas de este parque yermo. En el juego, no se entera ni del calor ni del césped, que en nada se parece al que rodeaba la casa de Mashd Robabeh . Y yo sigo con mi sonrisa forzada en los labios. Por las noches, cuando se quiere dormir, con una voz que en la oscuridad representa la felicidad Made in America, le canto:

Llegó el chacal;

Llegó el chacal;

llegaron también los padres del chacal;

llegó a la puerta el chacal;

Con un pañuelo bordado, en la cabeza;

El chacal dice: "soy una ratoncita"

y no me comeré a vuestras pollitas.

 

Estalló de repente una fogata tremenda en aquellas remotas montañas y lo cubrió todo, incluso las diminutas florecitas del desierto, llenas de travesuras. Había flores de todos los colores. Súbitamente, el desierto entero se tornaba en azul celeste y dos semanas después en amarillo solar, después era el turno del rojo carmín y finalmente se asomaban las mejoranas tapándolo todo. Se apoderaban de todo el espacio. Te acostabas con este aroma. Te despertabas con él, te acompañaba en el camino y no te dejaba en paz hasta llegar a la ciudad. Te olía el cuerpo entero a mejorana durante un par de días. Cuando bajabas la mirada, todo el valle estaba repleto de mejoranas. Tallos finos y jugosos erguidos bajo el cielo, con tanta alegría y orgullo, como si el mundo entero fuese su indiscutible territorio. Y así era. El valle entero les pertenecía. Nos quedamos dos días. Y nos marchamos.

(fragmentos de Llegó el chacal, de la pintora y artista visual iraní Farideh Lashai, traducidos del persa por Maryam Esmailpour)